domingo, 23 de septiembre de 2018

LECTURA 6 "¿QUÉ SON LOS SISMOS?


¿Qué son los SISMOS, dónde ocurren y cómo se miden?

Víctor Hugo Espíndola Castro y Xyoli Pérez Campos
Revista de la Academia Mexicana de Ciencias
Julio – Septiembre 2018


El sueño de los sismólogos es predecir los sismos que pudieran afectar a la población, por lo que dedican muchos estudios a este fin con el objetivo de mitigar los efectos. Gracias a su esfuerzo  y persistencia se logró determinar el origen de los sismos, así como el mecanismo y la dinámica de su generación; también hemos llegado a conocer el interior de la Tierra y la tectónica de  placas.
Desde tiempos inmemoriales nuestros antepasados sintieron gran curiosidad por lo que ocurría en su entorno. Sin lugar a dudas, el movimiento inadvertido y brusco del suelo, por ser un evento “invisible”, provocaba gran temor, no sólo por sus efectos, sino también por su origen. El avance científico en este campo relativamente nuevo ha permitido conocer la forma parcial el complejo mecanismo que origina dicho fenómeno, sin embargo, con el incremento de la población y las construcciones, sus efectos se han acrecentado, así como también en muchos se ha extendido el temor a los temblores.

Los inicios de la sismología
La ciencia de la sismología, como  la conocemos ahora, empieza con los primeros registros sísmicos que surgieron a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX con la instalación de sismógrafos (ahora llamados mecánicos) en diversas partes del mundo.
La sismología es una ciencia joven que ha contribuido de manera notable al conocimiento de la estructura de nuestro planeta. Entre las primeras aportaciones están los estudios del núcleo terrestre, realizados por el inglés Richard Dixon Oldham en 1906. Después, en 1936, el estudio de la propagación y velocidad de las ondas sísmicas en el interior de la Tierra llevó a la sismóloga danesa Inge Lehmann a la conclusión de que existen un núcleo sólido y otro líquido con altas temperaturas en el centro del planeta.
Por otra parte, en 1935 el estadounidense Charles Richter había establecido una fórmula para obtener la magnitud y cuantificar el tamaño de un sismo.

Placas Tectónicas
Otra notable y valiosa contribución fue la explicación de la tectónica de placas, que involucra a la corteza terrestre. El núcleo de nuestro planeta está constituido primordialmente por fierro y níquel, aunque  otras características en cuanto a su estructura y composición aún son materia de estudio. La parte media, llamada manto, está hecho sobre todo de silicatos ferromagnesianos. La parte externa de la tierra es la litósfera, conformada por la corteza y parte del manto; tiene un espesor variable que puede llegar hasta los 100 km, y un comportamiento similar a un cuerpo rígido que flota y se va desplazando “a capricho” del movimiento lento interno del manto. Dicho movimiento se debe a corrientes de convección, producidas por la diferencia de temperaturas entre la región cercana al núcleo (-3000 °C), donde los compuestos del manto son más ligeros y tienden a subir, y la más cercana a la corteza (- 1000 °C), donde sus compuestos son más pesados y tenderán a bajar, Así, después de algunos miles de millones de años, se ha dado forma a lo que hoy conocemos como continentes y océanos.
El movimiento interno del manto provoca que la litósfera no sea continua sobre la superficie de la Tierra, sino que esté formada por diferentes segmentos. Ello da lugar al nombre de placas litosféricas, o placas tectónicas. El contacto entre ellas se debe a movimientos relativos diferentes de cada una de las placas; un buen ejemplo es la placa de Norteamérica, con movimientos hacia el sureste, y la placa de Cocos, con movimientos al noreste, y cuyos límites han dado lugar a una zona de subducción.
Larga y complicada es la historia evolutiva de las placas tectónicas, desde su conformación inicial hasta su configuración actual. En nuestro caso, la República Mexicana esta constituida por cinco placas tectónicas: Pacífico, Norteamérica, Caribe, Rivera y Cocos. Esta última es la más famosa de todas; aunque no es la más grande del planeta, es donde se origina la mayor sismicidad. Por encontrarse en las costas del Pacífico mexicano, afecta las propias entrañas de nuestro país.
Pero vayamos al norte de México, donde las placas del Pacífico y Norteamérica tienen gran fricción entre ellas. La del Pacífico se mueve en dirección noroeste, mientras que la de Norteamérica lo hace hacia el sureste. La península de Baja California, principal testigo de este movimiento, desde hace más de 12 millones de años se ha alejado lentamente del continente, lo que ha dado origen al Golfo de California. También es una región de gran actividad sísmica, producto de fallas casi verticales en donde cada uno de los lados se desplaza horizontalmente en direcciones opuestas; a este tipo de fallas se les llama de rumbo o laterales.
Por su parte, la placa de Rivera en su frontera noroeste es de tipo divergente es decir, la separación corresponde a dorsales o bordes donde sale a la superficie nuevo material para formar piso oceánico, mientras las placas se mueven en direcciones  opuestas. El movimiento entre la pequeña placa de Rivera y la de Cocos provoca cierta sismicidad, aunque mucho menor que la ocasionada por ambas cuando se desplazan bajo la placa de Norteamérica, o la segunda bajo la del Caribe; en un proceso convergente que se llama subducción.

Los sismos
La teoría de la tectónica de placas ayuda a comprender el porqué del movimiento relativo ente ellas; también, cómo esa gran deformación y fuerzas de fricción se originan en las fronteras de la corteza. Esto provoca que la materia del que están constituidas las placas finalmente se fracturen y provoque, en la mayoría de los casos, desplazamientos súbitos o perturbaciones, lo cual constituye la antesala de lo que en la superficie terrestre se conoce como un sismo.
El movimiento relativo entre las placas tectónicas origina que grandes esfuerzos se concentren principalmente en sus límites y se deforme el medio. Esto funciona como grandes resortes que van acumulando energía potencial- a lo que en sismología se le llama energía sísmica-. Se acumulará tanta como el límite elástico del medio lo permita, hasta que se rompa, se fracture o se disloque, es decir, se desplace súbitamente y origine un sismo. Este proceso elástico y dinámico fue estudiado en 1906 por el geofísico estadounidense Harry F. Reid, después de sismo de San Francisco. Sus observaciones en este zona donde se encuentra la falla de San Andrés, le permitieron proponer formalmente la teoría del rebote elástico.
Los temblores se originan por movimiento, fricción y deformación de las placas tectónicas. El primero provee energía, el último la almacena, y la fricción es  un precursor importante en el proceso.

Dado que un sismo es el efecto de una perturbación que ocurre ya sea en la superficie o en el interior de la Tierra, al lugar donde se origina la perturbación se le conoce como fuente sísmica, foco o hipocentro.
La fuente sísmica puede deberse al choque de un meteorito, explosiones o colapsos; pero nosotros hablaremos de las que son de origen tectónico.
El fallamiento de las rocas consiste en la liberación repentina de los esfuerzos impuestos al terreno; de esta manera, la Tierra es puesta en vibración. En palabras llanas, un sismo son ondas que se propagan por el medio terrestre y provocan dicha vibración. En los sólidos pueden transmitirse dos tipos de onda. El primero es conocido como onda compresional, porque consiste en la transmisión de compresiones y tensiones; también se les conoce como longitudinales, debido a que las compresiones y tensiones se dan a lo largo de la trayectoria de la onda.  El segundo tipo son las ondas de cizallamiento o transversales, precisamente porque las partículas del medio se mueven de manera perpendicular  a la trayectoria. La figura 2b muestra la propagación de estas ondas en un medio elástico. Las ondas compresionales viajan más rápido que las transversales, de tal forma que a cualquier sitio llegarán en este orden, por lo que se les denomina ondas P y ondas S (ondas primarias y secundarias). Por ejemplo, la velocidad de la onda P en materiales como el granito es de 5.20 km/s y la velocidad de la onda S es de 3 km/s. Ambas también son conocidas como ondas de cuerpo o internas, porque pueden viajar dentro de un solido elástico.
Si se está cerca de la fuente sísmica, la diferencia entre tiempos de arribo de las ondas P y S será pequeña; esta diferencia aumentará conforme uno se aleje de la fuente. De esta manera, con registros de diferentes estaciones sismológicas, es posible determinar dónde es el epicentro (latitud y longitud), además de su profundidad.

Sismógrafos
 Los primeros sismógrafos fueron ideados a finales del siglo XIX. En nuestros días estos instrumentos han alcanzado un alto grado de sofisticación, aunque siguen utilizando el principio físico del movimiento pendular. Hasta hace pocos años, los registros sísmicos eran tiras de papel sobre un tambor en movimiento, donde una plumilla inscribía el movimiento del sismógrafo.
Ahora los registros, o sismogramas, son digitales; pero la forma de localización de los sismos es la misma, y consiste en tener la información de al menos tres estaciones sísmicas diferentes. Cada estación registra la llegada de las ondas P y S; la diferencia de tiempo de arribo entre ellas dependerá de la distancia del epicentro al sismógrafo, por lo que para cada estación se puede trazar un círculo. La intersección de los tres indica la región epicentral.

Magnitud e intensidad
Las escalas de magnitud e intensidad se utilizan para cuantificar y medir los temblores. La magnitud fue originalmente propuesta por Charles Richter en 1935, quien estableció una ecuación logarítmica. Existen varios tipos de magnitud, estimados a partir de diferentes fases sísmicas. Hoy la más usada es la magnitud de momento sísmico (M), que se determina a partir de la cantidad proporcional al área de ruptura (esto es, al tamaño de la falla geológica que se rompió) y al deslizamiento que ocurra en la falla. Su estimación es compleja y puede llevarse a  cabo empleando diversos métodos y tipos de datos. Esta magnitud fue propuesta en 1979 por los sismólogos Thomas Hanks y Hiroo Kanamori, del Instituto de Tecnología de California. La magnitud también refleja la cantidad de energía liberada en el sismo. Entre cada unidad de magnitud hay una diferencia de 32 veces; por ejemplo, un sismo de magnitud 8.0 irradia 32 veces más energía que uno de 7.0 de magnitud y 1024 veces más que uno de 6.0 de magnitud.
Por otro lado, los primero intentos para clasificar los temblores se hicieron a partir de sus efectos. En 1902 el físico italiano Giuseppe Mercalli propuso una tabla – revisada en 1931, a la cual se le llama escala modificada de Mercalli- que consta de 12 niveles, expresados en números romanos. El I indica que el movimiento sólo fue sentido por algunas personas. La escala llega hasta el XII, que se refiere a la destrucción total. Los datos generados de la escala modificada de Mercalli son muy útiles, principalmente para las construcciones, sin embargo, hoy los registros sísmicos de aceleración proporcionan mayor información respecto al comportamiento del suelo, por lo que esta escala es poco usada para ese fin.

Los sismos más importantes en México
Desde 1900 en el país se han registrado 83 sismos mayores de 7.0 de magnitud, cuatro de ellos han sido mayores o iguales a 8.0 de magnitud. Los sismos más grandes, ambos de 8.2 de magnitud, sucedieron el 3 de junio de 1932 en las costas de Colima y Jalisco, y el 7 de septiembre de 2017 en el Golfo de Tehuantepec. El primero fue un sismo de subducción y ocurrió en el contacto de las placas de Rivera y Norteamérica; el segundo fue un sismo intraplaca en la de Cocos.
Por su parte, la Ciudad de México ha experimentado dos sismos que causaron grandes daños y un número considerable de pérdidas humanas; por casualidad, ambos ocurrieron un 19 de septiembre.  El primer fue en 1985 tuvo una magnitud de 8.1 y fue la subducción entre las placas de Cocos y Norteamérica. El segundo ocurrió en 2017, tuvo una magnitud de 7.1 y fue un sismo intraplaca, en la de Cocos.
En la Figura 5 se pueden apreciar otros sismos, marcados con azul, que también han sido importantes. Éstos no ocurrieron en el límite entre placas ni dentro de la placa subducida, sino también fueron intraplaca, pero se llaman corticales, pues tienen su origen dentro de la placa continental (en nuestro caso, la de Norteamérica).

Comentarios finales
Los sismos son resultado de la acumulación de esfuerzos y deformaciones que se producen principalmente por el movimiento de las placas. Nuestro país, se encuentra en el marco de un contexto tectónico complicado, por lo que es proclive a la ocurrencia de sismos grandes. Si bien son más comunes los que tienen origen en el contacto entre las placas que subducen (Rivera, Cocos y Norteamérica), también pueden ocurrir sismos dentro de las placas, con epicentros en el continente, más cerca de las poblaciones. Por lo anterior, es importante estar preparados para recibirlos.



martes, 11 de septiembre de 2018

"STAGES OF THE WAR"


 1.-WAR OF MOVEMENTS (1914)
·         SCHLIEFFEN PLAN -> GERMANY ATTACKS FRANCE BY GOING THROUGH BELGIUM
·         INTROMISSION OF GREAT BRITAIN
·         GERMANY MUST DEFEND FOR FRANCE AND RUSSIA

2.- TRENCH WARFARE (1915-1916)
·         1915 SINKING OF THE BOAT LUSITANIA IN IRELAND
·         TREATY OF LONDON (ITALY CHANGE OF BANDO)
·         MILITARY BALANCE
·         DEFEND THE TERRITORIES THROUGH TRENCHES
·         PROBLEMS FOR SOLDIERS (RATS, COLD, FOOD FAILURE ETC)

      3.- 1917 CRYSIS
·         FOOD SHORTAGE IN EUROPE
·         GENERALIZED STRIKES IN FACTORIES (FRANCE AND GREAT BRITAIN)
·         GERMANY: PROBLEMS IN POLITICAL PARTIES
·         RUSSIAN REVOLUTION -> TREATY OF BREST LITOVSK (Gives: Finland, Poland, Estonia, Lithuania, Latvia, Ukraine and Bessarabia to Germany)
·         ZIMMERMAN TELEGRAM DIRECTED TO VENUSTIANO CARRANZA
·         US ENTRY TO THE WORLD WAR 1

     4.- END OF THE WAR
·         TREATY OF VERSAILLES
·         IMPOSITION OF THE PAYMENT OF THE WAR TO GERMANY
·         DIVISION OF AUSTRIA HUNGARY
·         DISAPPEARANCE OF THE OTTOMAN EMPIRE
·         14 POINTS OF WILSON -> LEAGUE OF NATIONS



viernes, 31 de agosto de 2018

LECTURA 5 "Marco Polo y las maravillas de Oriente"


Marco Polo y las maravillas de Oriente
Manuel Forcano
National Geographic
30 de julio de 2013

El mundo es un libro –decía san Agustín–, y aquellos que no viajan, no leen de él más que una página». Marco Polo fue un excelente lector del mundo; la crónica de sus viajes maravillosos por Oriente, el Libro de las maravillas del mundo, titulada originalmente Le devisement du monde –La descripción del mundo–, relata veinticuatro años de travesías y descubrimientos por territorios muy alejados de su Venecia natal, entre 1271 y 1295. Acompañado por su padre y su tío, Marco Polo vivirá y trabajará diecisiete años al servicio del gran emperador mongol Kublai Kan.
En este largo, complicado, nebuloso y casi mágico trayecto hacia territorios completamente desconocidos para la mayoría de sus contemporáneos, Marco Polo nos proporciona un caudal inconmensurable de datos sobre los países y los paisajes que atraviesa, así como sobre la gente que trata y conoce, sus historias, costumbres, cultos, cultivos, joyas, tejidos, caminos, comidas y animales. Algunas veces se expresa con un lenguaje de inventario y con aburridas fórmulas estereotipadas, pero muchas otras nos relata lo que ve con un estilo vivo, ágil y ameno con el fin de maravillar a su público y dejarlo boquiabierto.




Para mantener despierta la atención de sus oyentes, Marco Polo y su escriba, Rustichello da Pisa, muchas veces cuentan historias y leyendas con una curiosa mezcla de tiempos verbales que sitúan una acción pasada en el presente para así convertirla en algo vivo e intrigante, y a menudo se dirigen a la audiencia con preguntas directas o con frases admirativas que buscan en todo momento contagiar la emoción y la sorpresa. Estas marcas orales presentes en todo el texto nos indican claramente que el Libro de las maravillas del mundo que ha llegado hasta nosotros era, esencialmente, un texto más para ser escuchado que para ser leído.

Por las rutas de Asia Central
El largo trayecto de ida de Venecia a Pekín se alarga tres años (1271-1274) y, a pesar de que es en China y durante los años de servicio en la corte del Gran Kan donde Marco Polo vive y descubre las más grandes maravillas, el camino no está exento de rarezas, curiosidades y milagros que sorprenden, en alto grado, tanto a Marco Polo como después a sus oyentes. Dejando atrás el Próximo Oriente y adentrándose en territorios ya bajo el dominio mongol, Marco Polo descubre en Armenia la mágica silueta del monte Ararat donde se posó el arca de Noé tras el diluvio universal, y en los territorios de la alta Mesopotamia describe las fuentes negras y los pozos de alquitrán, algunos en llamas, siempre encendidos, verdaderos faros en las noches del desierto.

Antes de relatar su paso por Persia, Marco Polo prefiere deleitar a su público con una fábula sobre un milagro obrado por un zapatero ciego y devotísimo de la mítica ciudad de Bagdad, quien, gracias a sus plegarias, consigue que Dios mueva una montaña salvando así a la comunidad cristiana de las manos del terrible califa. Se trata de un cuento fantástico, a la manera de las Mil y una noches, en el cual Marco Polo parece explicar la salvación de la comunidad cristiana de Bagdad en 1258, cuando los mongoles entraron a sangre y fuego en la ciudad, gracias a la intercesión de Doquz Jatún, la esposa del príncipe mongol Hulagu, devota del nestorianismo, corriente cristiana que se había difundido por Asia desde hacía varios siglos.

Pero es el relato de su paso por las planicies de Irán lo que provoca verdadero asombro y hasta escándalo: en lo que parece un recurso para seguir extasiando al público cristiano que escucha sus andanzas, Marco Polo describe la patria de los tres reyes magos de Oriente del Evangelio, y nos habla de sus tumbas y de los cuerpos todavía incorruptos de Gaspar, Melchor y Baltasar. Esta noticia invalidaría la tradición de la conservación de sus huesos en el famoso y venerado Dreikönigsschrein, el relicario de los Tres Reyes Magos de la catedral de Colonia, en Alemania, con lo que estalla la polémica. A continuación, Marco Polo pasa a justificar el origen del culto al fuego que practicaban los habitantes de esos parajes, convirtiendo a los tres reyes magos en mazdeístas o «adoradores del fuego».

Cada vez más lejos de casa, avanzando hacia Oriente, en un mundo envuelto en un aura fulgurante de leyenda y maravilla, el tono de su relato va adquiriendo más y más matices fantasiosos: en el Jorasán persa, la leyenda del árbol seco o solitario que indicaba el fin del mundo, pero que él logra superar, las pavorosas trazas de la destrucción sembrada por las hordas mongolas en el Asia Central, la travesía de los enormes desiertos vacíos, inhóspitos y peligrosos del Taklamakán y el Gobi, llenan el libro de riesgo, intriga y aventura.

En la corte de Kublai Kan
La meta de su viaje, Pekín, está cada vez más cerca, pero se halla ya tan lejos de Venecia que nuestro viajero tiene la sensación de estar alcanzando los confines del mundo: los prados infinitos de Mongolia, abiertos a todos los vientos e inabarcables a la vista, lo hacen sentirse verdaderamente en otro mundo; los paisajes adquieren tonos irreales y los presenta como los llanos de los exiliados gigantes bíblicos Gog y Magog del libro del Génesis, de las profecías de Ezequiel, del Apocalipsis... Pero el mundo parece no acabarse ni tener límite alguno, ni temporal ni espacial. Gog y Magog se han convertido en un imperio muy bien organizado hacia el que los Polo se dirigen: la corte de Kublai Kan, establecida en verano en la mítica ciudad de Xanadú (en la actual región china de Mongolia Interior), modelo de la magnificencia y el resplandor del poder del gran emperador mongol, Señor de Asia.

La descripción del maravilloso palacio móvil de Kublai, hecho de bambú y totalmente decorado, con su extenso jardín cerrado lleno de árboles, flores, fuentes y animales exóticos para solaz del gran señor, y con la espléndida corte que le rodea y le acompaña compuesta por nobles, soldados, sabios, monjes y magos informa al público europeo del altísimo grado de magnificencia y lujo de esta ciudad mítica, Xanadú, nombre que a partir de este momento se convertirá para la cultura occidental en sinónimo de esplendor, fasto y opulencia. Entre las maravillas y las rarezas del palacio de verano de Kublai Kan, Marco Polo destaca la presencia de astrólogos, hechiceros, nigromantes, chamanes y encantadores que rodean al emperador mongol: son los bacsi, los influyentes monjes budistas que dominan la corte del gran Kan y que en los suntuosos y espectaculares banquetes ofrecidos por el emperador usan técnicas telequinésicas para acercar la copa de vino o los manjares a la boca de su señor: camareros quietos, concentrados, desplazando objetos con su mente. ¿Magia pura o simple imaginación del autor?

En Pekín, Marco Polo pasa a formar parte de la élite de extranjeros que trabajan al servicio del gran Kan. Así, el veneciano nos descubre lo portentoso del aparato burocrático y administrativo necesario para regir las entrañas de un imperio que hermana las costas del Pacífico, el Índico, el Himalaya y los confines mediterráneos del Próximo Oriente. Marco Polo descubre a los europeos la férrea organización de un ejército de proporciones inmensas, un sistema de correos que funciona a la perfección, la fabricación de papel a partir de técnicas desconocidas en Europa, el uso extendido del papel moneda…

Veinte años en China
A las órdenes de su nuevo señor, para quien trabajará diecisiete años, Marco Polo viajará por las provincias interiores de China. Sus relatos descubren a los europeos el color amarillento del célebre Huang He (el río Amarillo), sierpes bestiales, junglas sofocantes, brujos médicos, las altas montañas occidentales del Tíbet, el otro gran río chino, el Yang Tse o río Azul, la peculiar orografía del norte de Vietnam con su gente «bella y alta», y describe vívidamente las batallas heroicas de los mongoles para conquistar los territorios de la actual Birmania.

Pero lo que quizá más sorprendió a los europeos fue la descripción del Gran Canal, una antiquísima obra de ingeniería empezada en el siglo VII y en la que trabajaron más de cinco millones de hombres y mujeres. El resultado fue una red de canales artificiales comunicados con lagos y ríos que lo convirtieron en la vía de agua navegable más larga construida por el hombre. A lo largo del Gran Canal discurría la carretera imperial sombreada por árboles plantados con este fin y jalonada con postas de correos.

Las ciudades adosadas al Gran Canal proporcionan a Marco Polo la posibilidad de expresarse en términos superlativos. El tráfico comercial y humano, así como la agitación de las ya abigarradas y superpobladas ciudades chinas sorprenden a nuestro viajero, y sus descripciones no parecen sino exageraciones; las cantidades son ingentes: de barcos, de personas, de mercancías, de riquezas... Todo es tan desbordante que «sin verlo es imposible que alguien lo crea», y Marco Polo llega a admitir que dar cuenta de todo lo que ve y lo que hay supone una «tarea demasiado ardua».

El relato sobre la inconmensurable China se corona con la descripción a fondo de varias ciudades que maravillaron a Marco Polo, quien las calificó de magníficas, opulentas y portentosas. Quinsai, la moderna Hangzhou, la antigua capital de la vencida dinastía Song en Mangi (nombre que los mongoles daban a la China meridional), se reveló al veneciano como un lugar de maravilla absoluta que no dudó en definir como «un paraíso». En aquella época, la ciudad contaba con más de un millón de habitantes y sus dimensiones eran enormes. Todas las cantidades se cuentan por miles: 12.000 puentes, 100.000 guardias, 4.000 baños públicos, 30.000 soldados, banquetes con 10.000 comensales, palacios de 1.000 habitaciones, 1.600 millares de edificios, 50.000 personas en la plaza del mercado... Tanta es la admiración por este monstruo urbanístico y su comarca que le es difícil expresarla en palabras: «Es verdaderamente muy costoso describir la gran nobleza de esta provincia y, por lo tanto, callaré». También la ciudad de Zayton, variopinta, cosmopolita y tolerante, situada en la China del sureste, poblada por comerciantes persas, árabes, indios, marineros, emisarios, oficiales, soldados, monjes y misioneros budistas, taoístas, hindúes, musulmanes, judíos, cristianos nestorianos, maniqueos... provoca que Marco Polo la denomine el «puerto de las delicias».

¿Estuvo Marco Polo en China?
A pesar de toda la información que nuestro viajero nos proporciona de la China de los mongoles, hay investigadores que dudan de su visita precisamente por todo lo que omite: la historiadora norteamericana Frances Wood, por ejemplo, se pregunta por qué Marco Polo no menciona en absoluto ni la Gran Muralla, ni la escritura ideogramática china, ni el té, ni los palillos de comer o los pies vendados de las mujeres. Pero hay que tener en cuenta que ni la Gran Muralla –que sería reconstruida en piedra en el siglo XVII por la dinastía Ming– ni el té, que llegaría a China en el siglo XVI de mano de los portugueses, tenían entonces la importancia que tienen ahora, y las costumbres o características de la civilización china eran en aquel momento, a ojos del veneciano, poco significativas o de escaso valor documental, pues eran los mongoles quienes gobernaban y los chinos el pueblo sometido, y, no hay que olvidarlo, Marco Polo trabajaba para el Kan.

El viaje de vuelta a casa de los Polo, hacia Occidente a través del Índico, enlaza el puerto chino de Zayton con el estrecho de Ormuz (en el golfo Pérsico), donde los viajeros retomarán el camino de regreso por tierra. Tras tantos años en China, el trayecto es de nuevo un gran despliegue de maravillas. Pero, curiosamente, los detalles de este periplo marítimo son menos conocidos, menos citados, a pesar del cúmulo de elementos legendarios que Marco Polo ofrece a sus sorprendidos oyentes y lectores: el trayecto por las islas indonesias, donde topa con caníbales y adoradores de animales vivos; las extrañas islas de Andamán y Nicobar, donde conoce a primitivos hombres con cabeza de perro; el sinfín de maravillas que observa en las costas de la India «que no pueden dejarse en silencio»; las misteriosas islas de Kuria Muria en las costa de Omán, una para hombres y otra para mujeres... Es evidente porqué se agolpaba la multitud en Génova bajo la ventana de la celda donde el capitán Marco Polo pasaba su cautiverio junto al escriba Rustichello da Pisa cuando leía en voz alta sus aventuras. La prisión de Malapaga se convirtió, así, en una incansable fábrica de maravillas que incendió la imaginación de los europeos desde el primer momento en que se puso por escrito el relato del viaje de un mercader veneciano que había atravesado un mundo fantástico, aunque real. La verdad, cuando no se conoce, suena a fábula, pero, afortunadamente, la fantasía de una fábula, bien contada, puede ser totalmente cierta.


Lee el artículo original en este link:

 https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/marco-polo_7469/4

jueves, 23 de agosto de 2018

The 5 Great Schools of Ancient Greek Philosophy

The 5 Great Schools of Ancient Greek Philosophyby Andrea Borghini


Ancient Greek philosophy extends from as far as the seventh century B.C. up until the beginning of the Roman Empire, in the first century A.D. During this period five great philosophical traditions originated: the Platonist, the Aristotelian, the Stoic, the Epicurean, and the Skeptic.
Ancient Greek philosophy distinguishes itself from other early forms of philosophical and theological theorizing for its emphasis on reason as opposed to the senses or the emotions. For example, among the most famous arguments from pure reason we find those against the possibility of motion presented by Zeno.

Early Figures in Greek Philosophy

Socrates, who lived at the end of the fifth century B.C., was Plato’s teacher and a key figure in the rise of Athenian philosophy. Before the time of Socrates and Plato, several figures established themselves as philosophers in small islands and cities across the Mediterranean and Asia Minor. Parmenides, Zeno, Pythagoras, Heraclitus, and Thales all belong to this group. Few of their written works have been preserved to the present day; it was not until Plato's time that ancient Greeks began transmitting philosophical teachings in text. Favorite themes include the principle of reality (e.g., the one or the logos); the good; the life worth being lived; the distinction between appearance and reality; the distinction between philosophical knowledge and layman’s opinion.

Platonism

Plato (427-347 B.C.) is the first of the central figures of ancient philosophy and he is the earliest author whose work we can read in considerable quantities. He has written about nearly all major philosophical issues and is probably most famous for his theory of universals and for his political teachings. In Athens, he established a school – the Academy – at the beginning of the fourth century B.C., which remained open until 83 A.D. The philosophers who chaired the Academy after Plato contributed to the popularity of his name, although they did not always contribute to the development of his ideas. For example, under the direction of Arcesilaus of Pitane, began 272 B.C., the Academy became famous as the center for academic skepticism, the most radical form of skepticism to date. Also for these reasons, the relationship between Plato and the long list of authors who recognized themselves as Platonists throughout the history of philosophy is complex and subtle.

Aristotelianism

Aristotle (384-322B.C.) was a student of Plato and one of the most influential philosophers to date. He gave an essential contribution to the development of logic (especially the theory of syllogism), rhetoric, biology, and – among others – formulated the theories of substance and virtue ethics. In 335 B.C. he founded a school in Athens, the Lyceum, which contributed to disseminate his teachings. Aristotle seems to have written some texts for a broader public, but none of them survived. His works we are reading today were first edited and collected around 100 B.C. They have exercised tremendous influence not only upon the Western tradition but also upon the Indian (e.g. the Nyaya school) and the Arabic (e.g. Averroes) traditions.

Stoicism

Stoicism originated in Athens with Zeno of Citium, around 300B.C. Stoic philosophy is centered on a metaphysical principle that had been already developed, among others, by Heraclitus: that reality is governed by logos and that what happens is necessary. For Stoicism, the goal of human philosophizing is the achievement of a state of absolute tranquility. This is obtained through the progressive education to independence from one’s needs. The stoic philosopher will not fear any bodily or social condition, having trained not to depend on bodily need or any specific passion, commodity, or friendship. This is not to say that the stoic philosopher will not seek pleasure, success, or long-standing relationships: simply that she will not live for them. The influence of Stoicism on the development of Western philosophy is hard to overestimate; among its most devoted sympathizers were the Emperor Marcus Aurelius, the economist Hobbes, and the philosopher Descartes.

Epicureanism

Among philosophers’ names, “Epicurus” is probably one of those that is most frequently cited in non-philosophical discourses. Epicurus taught that the life worth being lived is spent seeking pleasure; the question is: which forms of pleasure? Throughout history, Epicureanism has often been misunderstood as a doctrine preaching the indulgence into the most vicious bodily pleasures. On the contrary, Epicurus himself was known for his temperate eating habits, and for his moderation. His exhortations were directed towards the cultivation of friendship as well as any activity which most elevates our spirits, such as music, literature, and art. Epicureanism was also characterized by metaphysical principles; among them, the theses that our world is one out of many possible worlds and that what happens does so by chance. The latter doctrine is developed also in Lucretius’s De Rerum Natura.

Skepticism

Pyrrho of Elis (c. 360-c. 270 B.C.) is the earliest figure in ancient Greek skepticism. on record. He seems to have written no text and to have held common opinion in no consideration, hence attributing no relevance to the most basic and instinctive habits. Probably influenced also by the Buddhist tradition of his time, Pyrrho viewed the suspension of judgment as a means to achieve that freedom of disturbance that alone can lead to happiness. His goal was to keep each human’s life in a state of perpetual inquiry. Indeed, the mark of skepticism is the suspension of judgment. In its most extreme form, known as academic skepticism and first formulated by Arcesilaus of Pitane, there is nothing that should not be doubted, including the very fact that everything can be doubted. The teachings of ancient skeptics exercised a deep influence on a number of major Western philosophers, including Aenesidemus (1st century B.C.), Sextus Empiricus (2nd century A.D.), Michel de Montaigne (1533-1592), Renè Descartes, David Hume, George E.

Moore, Ludwig Wittgenstein. A contemporary revival of skeptical doubting was initiated by Hilary Putnam in 1981 and later developed into the movie The Matrix(1999.)

Reference:
Borghini, Andrea. "The 5 Great Schools of Ancient Greek Philosophy." ThoughtCo, Jun. 27, 2018, thoughtco.com/five-great-schools-ancient-greek-philosophy-2670495.



martes, 21 de agosto de 2018

La Economía y el hombre


La Economía y el Hombre
Autor: Eduardo Dermardirossian - dermar@speedy.com.ar
El fin que persigue la economía como ordenamiento humano no es independiente de los otros fines del hombre. 
Aún más: los diferentes aspectos que conciernen al humano vivir, tales como los relativos a la cultura, a la salud, a la seguridad y otros más, no deben subalternizarse a la economía o dejarse al arbitrio de las variables del mercado. Dicho de otro modo, no puede ser considerada la economía como un fin en sí mismo. 
Así, metas tales como el equilibrio fiscal, la estabilidad monetaria, la producción en términos de eficiencia, el funcionamiento más o menos libre del mercado y otros tantos asuntos similares, no deben ser sostenidos a expensas de tan importantes necesidades humanas.
Porque la economía y los muchos y complejos asuntos que su manejo conlleva no constituyen fines últimos, separados de las necesidades y de los anhelos de los hombres. El pan mejor amasado no me sirve si no es apto para mi alimentación, o si, aún alimentando a otro, no llega a mi mesa. Parecida cosa acontece con los pretendidos logros económicos, cuando son a expensas de quienes debieran verse favorecidos con ellos. 
Hablamos de las actividades que los hombres desarrollan para sufragar las necesidades que les son propias. Tal cosa es la economía y no otra. Y toda explicación que pretextando motivaciones técnicas conduzca a resultados distintos de los enunciados servirá, seguramente, para agudizar las enormes e injustas concentraciones de medios que caracterizan a las economías llamadas modernas, a expensas de quienes desde siempre fueron despojados del producido de su personal trabajo. 
Las fabulaciones sabihondas respaldadas por cifras e indicadores macroeconómicos no alimentan los enflaquecidos cuerpecitos de niños que padecen desnutrición en diversas regiones del planeta, ni educan al analfabeto, ni curan a los enfermos que aguardan en las puertas del maltratado hospital público. 
La democracia ha de ser sostenida sin vacilación, pero es obvio que deberá recuperar su contenido para que con ella se coma, se eduque y se cure. Y es aquí donde la economía tiene algo que hacer. Frecuentemente se ha pretendido explicar las injusticias habidas con el argumento de que es necesario aguardar algún tiempo para que las medidas económicas muestren sus resultados benéficos. Y con igual frecuencia el hombre ha aguardado en vano esos resultados. 
La economía producto del trabajo humano, en último análisis- no debe verse con perspectiva histórica sino biológica. Lo diré en otros términos: si el hombre trabaja para satisfacer sus necesidades, lo debido, lo justo es que las satisfaga en el tiempo que dura su vida, con la premura que cada necesidad le impone y en la medida que su esfuerzo haya resultado fructífero. 
Es preciso que el producto de su trabajo le sea entregado al hombre en su propio tiempo biológico y no que se le condene a aguardar un mañana que seguramente no llegará. Porque para entonces habrá muerto, o porque si la vida le regaló más años de existencia, lo magro de su retribución o la erosión de su ahorro lo condenará a una vida mísera, cuando no al desamparo y a la orfandad. 
Y en este punto es preciso advertir que mientras ese hombre espera sin esperanza o padece su pobreza, los hay que desde ayer exhiben con frivolidad e impudicia las riquezas mal habidas mediante el trabajo de otros y depositadas sobre las cenizas de tantas esperanzas frustradas. Recuerdo las leyendas que los comerciantes y artesanos de otrora ponían en sus negocios y talleres: hoy no se fía, mañana sí. 
Los modernos recursos dialécticos, con sofisticada apoyatura técnica y comunicacional, han incorporado ese mensaje para consuelo de los postergados Cuando una pregunta es debidamente formulada, suele conducir a la respuesta correcta. En nuestro caso la pregunta es, además, simple: ¿la economía es para el hombre o el hombre es para la economía. La cuestión siempre presente de la delimitación entre el interés común y el interés individual es medular en este asunto. Esa delimitación ha sido diversa en cada tiempo histórico, como ha sido diversa también según los intereses puestos en juego y los sectores involucrados. El nuestro es un tiempo de exaltación del individualismo, pero con la perniciosa particularidad de que en nuestro medio ello se ha exacerbado hasta niveles antes desconocidos, con notorio desdén por el prójimo. Hablo de extremos impiadosos de egoísmo, producto de una concepción del hombre como entidad cuasi descartable.
La vida del hombre ha sido desacralizada por completo y reemplazada por una visión interesada de su finitud. En definitiva, el trabajo humano ha sido reducido a una variable económica llamada mercado laboral, la cual interactúa con otras variables también económicas, tales como los mercados de capitales, tecnológico, etcétera. Dentro de tal concepción ?que puede llamarse de fundamentalismo económico o de mercado- es obvio que el trabajo humano habría de ser devaluado. En línea con esta concepción del hombre, de su trabajo y de sus necesidades, y en concordancia con la deificación del lucro, hemos asistido a la demolición del Estado y los huracanes privatizadores arrasaron ya el patrimonio público, transfiriéndolo a manos privadas. 
De derecho o de hecho se han enajenado áreas que hasta hace poco tiempo sólo podían concebirse en manos del Estado. Y de resultas de ello la prestación de servicios de la mayor relevancia para la comunidad han sido confiados a la iniciativa empresarial privada, cuyo objeto, naturalmente, no puede ser otro que el lucro. Es por esto que adhiero sin hesitar a aquello de que la economía es cosa demasiado seria para dejarla en manos de los economistas.
Autor: Eduardo Dermardirossian - dermar@speedy.com.ar
Federico Anzil (08 de Mar de 2006). "La Economía y el Hombre". [en linea]
Dirección URL: http://www.zonaeconomica.com/el-hombre-y-la-economia(Consultado el 8 de Jul de 2016)

LECTURA 4 "La historia a través de los mapas"


"La historia a través de los mapas"
National Geographic 12 de marzo de 2013

Desde los inicios de la civilización, la humanidad ha buscado formas de representar el mundo con precisión y dejar constancia gráfica de su tiempo.
Hace 2.300 años, Eratóstenes, director de la Biblioteca de Alejandría, calculó la medida de la circunferencia de la Tierra con una fidelidad extraordinaria. Hoy sabemos que su margen de error fue de apenas unos 400 kilómetros.


Las mediciones del sabio fueron el primer paso para la confección de unos mapas que mostrasen la superficie de nuestro mundo, cuya más antigua representación sistemática debemos a los estudiosos griegos. Geógrafos y astrónomos helenísticos determinaron la forma esférica del planeta, fijaron las nociones del ecuador, los trópicos y los polos, y dividieron el globo en una retícula formada por líneas verticales (los meridianos) y horizontales (los paralelos), estableciendo unas coordenadas geográficas que hoy seguimos utilizando y nos permiten determinar la situación de un punto sobre la superficie terrestre. Quien atrapó el mundo en esa malla cuadriculada fue Tolomeo, otro sabio griego que vivió en Alejandría, capital científica de la Antigüedad, en el siglo II d.C. 

Los ocho volúmenes de su Geografía incluían un mapamundi y 26 mapas detallados que constituyen el primer atlas universal de la historia. Pero el declive del Imperio romano de Occidente relegó esta obra excepcional al olvido durante la Edad Media.
La Tierra que Tolomeo había aprisionado en su cuadrícula estaba formada por una vasta masa continental (Europa, Asia y África) que encerraba en su interior las aguas del Mediterráneo y el Índico, y estaba bañada por un vasto océano exterior. Y así se seguía imaginando el orbe cuando entre los siglos XIII y XV se elaboraron en Europa unas detalladas cartas náuticas, los portulanos, en las que innumerables líneas rectas unían los puertos situados a orillas del Mediterráneo y los más cercanos de aquel mar exterior. Unas líneas que los navegantes podían seguir gracias a una nueva maravilla: la brújula magnética. 

Mientras tanto, en el siglo XV, de la Constantinopla amenazada por los turcos había llegado a Europa la Geografía de Tolomeo, que despertó un interés sensacional (fue impresa siete veces entre 1475 y 1500) y espoleó las navegaciones de portugueses y españoles, quienes, deseosos de alcanzar las riquezas y especias asiáticas, se aventuraron en las aguas del océano, unos hacia el este, bordeando África, y los otros hacia el oeste, cruzando el desconocido Atlántico. Así, entre los siglos XV y XVI aquel mundo cerrado sobre el Mediterráneo abrió sus puertas de par en par, y un nuevo continente surgió de la nada: América. Sus costas, al igual que las de África y las del Asia más lejana, fueron perfilándose en los mapas renacentistas, unidas por líneas rectas como las de los portulanos.


Sin embargo, aquellas líneas que debían orientar a los marinos también podían alejarlos de su destino, porque no tenían en cuenta la curvatura de la Tierra. El holandés Gerard de Kremer (cuyo apellido, «comerciante», latinizó como Mercator) halló la solución a este
problema con la proyección que lleva su nombre, ideada para su mapamundi de 1569: en él

los meridianos se sitúan a intervalos regulares, pero los paralelos se van aproximando proporcionalmente a medida que se alejan de los polos. La cuadrícula milenaria heredada de los griegos se adaptaba de este modo a la superficie del planeta como una fina piel geométrica, y en ese gigantesco damero los navegantes pudieron moverse con seguridad cuando en 1765 dispusieron del cronómetro, que permitía determinar la longitud geográfica, es decir, la distancia entre un lugar y el meridiano que se tomara como referencia. Ellos dibujaron las costas de los continentes donde exploradores y topógrafos se adentraban para representar con precisión el territorio gracias a nuevos métodos cartográficos e instrumentos de medición, como la triangulación y el teodolito.

Y así empezó a completarse el atlas de la Tierra. Desde principios del siglo XX, los recónditos territorios a los que aún no habían accedido los topógrafos ocuparon su lugar en los mapas gracias a la aviación, y los avances científicos sucedidos sin tregua han permitido cartografiar desde los fondos marinos hasta los vastos espacios interestelares, donde flota una minúscula Tierra cuya superficie sus moradores tardaron más de 2.000 años en dibujar con cierta exactitud.



Desde su fundación hace 125 años, National Geographic Society ha dado testimonio de ese avance en la representación de nuestro orbe; de hecho, la primera fotografía publicada en la revista de la Sociedad fue un novedoso mapa de América del Norte. Pero no solo se
cartografía el hoy de nuestro mundo. También podemos representar el ayer: puesta sobre un mapa, la historia se entiende mejor. Así lo ha demostrado la Sociedad con mapas de todas las épocas y todos los ámbitos de estudio: desde los que, elaborados con datos de satélite, dan cuenta de la distribución de los cenotes y las ruinas mayas, hasta los que reflejan los escenarios de la guerra de Secesión estadounidense o los sofisticados mapas que, también construidos con satélite, se están usando para localizar la tumba de Gengis Kan, el conquistador mongol de las estepas.

La cartografía es el idioma de la geografía y una de las múltiples voces de la historia, y así lo manifiesta la gran cantidad de mapas de Historia, la última obra con que la Sociedad nos invita a navegar, brújula en mano, por el amplio territorio del pasado.


A Study on the Hierarchy of Values

A Study on the Hierarchy of Values Tong-Keun Min Chung Nam National University ...